La decadencia de las editoriales científicas españolas

La edición de libros científicos en España está de capa caída, múltiples son los problemas que explican por qué es un sector decadente en un país donde la investigación cada vez ha tenido más peso. Paradójicamente, la necesidad de publicar de los profesores universitarios es una de las principales causas de los males que atenazan a las editoriales.

Esta necesidad ha desembocado en una serie de prácticas turbias que obvian los fundamentales principios de evaluación científica y que no han sido corregidas por la comunidad científica, por lo que este tipo de prácticas se han multiplicado.

También tenemos que pensar que la publicación de libros científicos es algo teóricamente extraordinario, pocos son los investigadores que canalizan sus resultados de investigación en forma de monografías, aunque hay que matizar que depende de las áreas.

La publicación de libros es común en áreas de Humanidades, mientras que en Ciencias Puras es anecdótico y en Ciencias Sociales es algo puntual. Además, tampoco existe un mercado con capacidad para absorber esta avalancha de títulos, en todo caso, parece que el público general sólo consume obras de divulgación y los estudiantes hacen lo propio con manuales.

El mundo editorial español se puede dividir en dos sectores diferenciados. En primer lugar tenemos el sector público, representado principalmente por las editoriales universitarias. Por último, el sector privado, donde hay que destacar la predominancia de las editoriales multinacionales y la falta de liderazgo de las editoriales patrias, con honrosas excepciones (Dykinson, Aranzadi, Tirant lo Blanch, Alianza, Cátedra, etc.).

Mientras que los problemas de las editoriales públicas son los filtros de selección y la endogamia, los de las privadas pasan por la falta de competitividad

Los principales problemas de las editoriales públicas han sido la carencia de filtros de selección, la endogamia y la ausencia de objetivos comerciales. Las editoriales han sido en muchos casos vistas como un servicio más al claustro universitario y no como un fin en sí mismo. En la mayor parte de los casos, las universidades han centrado los pocos recursos disponibles en la publicación de obras propias. En cambio, no han tenido margen para realizar proyectos editoriales ambiciosos y perdurables como sucede en otros países. En lugar de realizar una apuesta por la creación de colecciones especializadas, acordes a los centros, han generado colecciones desiguales de múltiples áreas de conocimiento. Todo esto bajo un único criterio de éxito; el número de obras y colecciones publicadas, sin tener en cuenta los costes y el retorno que éstas producían. Hay que destacar que desde la UNE (Unión de Editoriales Universitarias) se trabaja en la estandarización de procesos evaluativos y que estos han dado origen a un sello editorial (CEA-APQ) que verifica la calidad editorial a nivel de colecciones.

Los problemas existentes en las editoriales privadas son de otra naturaleza y se resumen en la falta de competitividad que ha llevado a una degeneración del sector. Muchas editoriales, acuciadas por la dureza de la crisis, han cambiado su modelo económico y han optado porque sean los autores quienes financien la edición y publicación de sus libros, renunciando a los ingresos por ventas.

Trabajar con gastos e ingresos fijos es más cómodo y requiere de menos recursos (procesos evaluativos, marketing, etc.) que trabajar con la incertidumbre del mercado.

Este modelo editorial ha dado lugar a la picaresca y a fenómenos como el “blanqueo” de comunicaciones de congresos en capítulos de libro, previo pago a editoriales de la talla de Mc Graw Hill. Otro fenómeno es la aparición de “cooperativas de profesores” que se reúnen para hacer libros, donde cada uno aporta un capítulo y financia la edición del libro, en muchos casos sin coherencia de conjunto. Estas prácticas poco éticas han proliferado por el beneficio rápido que les supone a autores incapaces de publicar en canales regulares, teniendo como resultado la obtención de titularidades y cátedras, contaminando y poniendo en duda la validez de los procesos de acreditación (ANECA) y reconocimiento científico (CNEAI), procesos evaluativos que tenían como fin la mejora, eficiencia de los recursos científicos e incremento de la ciencia española.

El abuso y aumento de éste tipo de prácticas se está convirtiendo en un escándalo y un problema académico y económico; no nos llevemos a engaño, estos libros son pagados con dinero público a cargo de proyectos de investigación, por lo que además de una práctica poco ética, es en sí un mal uso de los recursos públicos. Además, supone un gran desprestigio para la ciencia y la edición científica española que en conjunto está publicando, haciendo público, ingentes cantidades de trabajos mediocres.

Y, sin embargo, la edición científica española tiene también fortalezas minusvaloradas y oportunidades desaprovechadas. Poseemos editoriales universitarias con siglos de antigüedad que en sus fondos conservan libros únicos. Por suerte, comienzan a surgir proyectos que ponen en valor el conocimiento acumulado, como el de la Universidad de Salamanca de publicar bajo pedido cualquier libro editada por ella misma.

Además, la universidad española es referente científico para el mundo iberoamericano, especialmente en las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades. Esta realidad nos convierte en actores privilegiados en un contexto mundial emergente (el español es la segunda lengua más hablada del mundo).

Otro aspecto que debe enfrentar la edición científica española es la traducción al castellano de las obras fundamentales publicadas en otros idiomas, especialmente en las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades. En las áreas de Ciencias Naturales y Físicas se debe apostar por la creación de colecciones internacionales de trabajos escritos en inglés. La traducción de obras extranjeras al castellano es una apuesta segura si se hacen estudios de mercado, pues aleja los aspectos de incertidumbre ya que se cuenta con indicios de calidad y difusión, además los costes iniciales no son tan elevados (traducción y derechos como adelanto de beneficios).

En definitiva, las editoriales científicas españolas deben realizar un largo proceso de autocrítica. Las editoriales públicas, que actualmente están realizando un gran esfuerzo en crear y mejorar sus procesos evaluativos, deben buscar también la rentabilidad económica, como garantía de calidad. En el caso de las privadas se hace urgente la erradicación de prácticas poco éticas, a riesgo de desaparecer debido a la devaluación progresiva del prestigio de sus marcas. Existe un nicho y un mercado interesante, toda Iberoamérica, que en la actualidad está siendo explotado por editoriales multinacionales anglosajonas.

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